martes, 8 de marzo de 2011

Humanismo para celebrar a la mujer trabajadora

El 19 de marzo de 1911, se celebró por primera vez el Día Internacional de la Mujer en Austria, Alemania, Dinamarca y Suecia. Se cumplen hoy 100 años de aquélla reunión de miles de mujeres que reivindicaban el derecho al voto femenino, como primer paso para la inclusión de las mujeres en la vida pública. La decisión de convertir el 8 de marzo en fecha emblemática para las mujeres, fue idea de Clara Zetkin, líder del movimiento alemán de mujeres socialistas, quien en 1910 presentó su inquietud sobre el voto femenino en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague, Dinamarca.


De la auténtica lucha por los derechos de las mujeres hemos pasado a la utilización de los temas de género con fines políticos.

El centenario de la celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, debiera obligarnos a replantear las reivindicaciones feministas. Si es que se debe llamar así a la defensa de los derechos de la mujer. Porque si feminismo es la defensa de los derechos de la mujer y machismo la postura que antepone los derechos del hombre, ambas corrientes están equivocadas.

Es necesario encontrar una postura incluyente, más que excluyente, la defensa del ser humano en general, sin importar la parte que lo defina como hombre o mujer. Humanismo como convicción de vida, como fundamento ideológico por encima de posturas políticas y religiosas.

El humanismo defiende los derechos del ser humano, sea hombre o mujer. Desde las tendencias actuales de izquierda se defiende un modelo de igualdad que perjudica más que beneficiar al desarrollo de la mujer, pues plantea una lucha de la mujer contra el hombre, como si éste fuera el culpable de todos los males.

Como no puedo desprenderme de mi identidad mientras escribo, me confieso mujer, madre, esposa, trabajadora, estudiosa, hermana, amiga, en un sistema que no me permite desarrollarme como a mí me gustaría.

Cualquiera que lea lo anterior pensará que soy machista y estoy de acuerdo con el dominio masculino en los ámbitos públicos. No es así, me gustaría que la mujer tenga el mismo derecho a desarrollarse en donde crea conveniente. Que tenga derecho a decidir quedarse en casa y cuidar a la familia o que pueda decidir desarrollarse en un puesto de trabajo en la esfera pública.

Estamos en un sistema machista, es cierto, sin embargo, ¿tienen la culpa de esto los hombres? Desde una apreciación simplista se puede llegar a la conclusión de que sí, pues les toca ejercer un dominio, por nacimiento les corresponde tener a su servicio a otro ser humano, que les atienda en las necesidades básicas, como alimentación, arreglo de la casa y la ropa. Sin embargo, creo que tan oprimidos están ellos como nosotras. Un hombre tampoco puede elegir libremente, cuanto más machista es una sociedad, menos libres son los hombres, les corresponde un rol y no pueden elegir ejercer otro.

No se trata entonces de demonizar a los hombres como suele hacerse cuando se habla del tema de género. Sobre todo, no se trata de la maldad de unos individuos y la bondad de otros. En todo caso es responsabilidad de los hombres y mujeres que nos precedieron, porque fueron ellos (y ellas) quienes fueron conformando la historia de la humanidad.



Quiero decir, en esta cultura patriarcal, donde el hombre tiene un desarrollo en la vida pública y la mujer cumple un rol de puertas hacia dentro, ambos roles son sumamente importantes, pero suponen una función determinada para cada uno de los géneros, que –a estas alturas de la historia- no tiene razón de ser.



Atrás, muy atrás quedó la idea de que la mujer tenía el cerebro más chico y no tenía la capacidad de razonar igual que el hombre, atrás quedó la prohibición de ejercer los derechos como ser humano para aquélla parte de la población que naciera sin falo. Ya se ha demostrado que el sexo no es determinante en la capacidad de un ser humano. Sí es determinante de ciertas cualidades específicas, pero no supone inferioridad ni superioridad.



El tema es extenso y complejo, demasiados factores a tener en cuenta. Sé que no es una postura políticamente correcta la que estoy planteando porque ahora se lleva hablar de los derechos de la mujer por encima de todo, de discriminación positiva y cuotas en los puestos públicos. No estoy de acuerdo con estas medidas que funcionan igual que el paracetamol para un cáncer, quizá alivien el dolor, pero no curan el verdadero malestar. Porque ¿para que quiere una mujer que la metan en un puesto para cubrir la cuota de género si no tiene guardería para dejar al niño y no podrá asistir? ¿Para qué queremos participar en la vida pública como cómplices de un sistema que pone por encima la ganancia, sin considerar el desarrollo humano?



El tema de género, como el de la inmigración, los derechos de la infancia, de la senectud y todos los demás grupos vulnerables se zanjarían si cambiáramos la base de nuestra sociedad y el desarrollo humano fuera lo más importante. En un sistema donde la persona (masculina o femenina) sea el centro de interés, los grupos vulnerables dejan de serlo, porque todos, absolutamente todos los humanos somos vulnerables, por una razón o por otra. Desafortunadamente, el modelo imperante, pone en segundo plano los derechos humanos, la ganancia es lo más importante, a partir de esta premisa, casi cualquier lucha está perdida.

Felicidades hoy y los días que restan del año a las mujeres trabajadoras, sin importar si ejercen el trabajo dentro de casa, fuera de casa o (como la mayoría) en ambos.

rmancinas@gmail.com

martes, 1 de febrero de 2011

Miguel Hernández

Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!




Pablo Neruda[1]

lunes, 23 de agosto de 2010

La narrativa de Chihuahua

En Chihuahua nacieron tres clásicos de la literatura mexicana: Martín Luis Guzmán (1887-1976), cuya novela posrevolucionaria La sombra del caudillo (1929) aún despierta polémicas; Rafael F. Muñoz (1899-1972), magnífico cuentista, y Carlos Montemayor (1947-2010), que decía que su mejor obra es Guerra en el Paraíso (1991), la historia novelada de la guerrilla de Lucio Cabañas y el ejército mexicano en la década de los 70 del siglo XX.

Tales apuntes vienen a razón de la clausura de la Semana de las Culturas de Chihuahua en la Ciudad de México, que se llevó a cabo del 18 al 22 de agosto en diferentes foros y en la que, además de conciertos, mesas redondas, muestras gastronómicas, artesanales, lecturas dramatizadas, presentaciones de libros, sirvió de corte de caja para, por medio de seis antologías, dar a conocer la riqueza artística de ese estado en los últimos 15 años. Aquí, por motivos de espacio, sólo me detendré a comentar su narrativa.

Otros autores, ya reconocidos en el arte de contar, son Ignacio Solares, Jesús Gardea, Alfredo Espinosa y Raúl Manríquez, quien, por cierto, tuvo la deferencia de ofrecerme para mi editorial Días de septiembre (2009), Premio Nacional de Novela Justo Sierra O’Reilly, de la Bienal de Literatura Yucatán 2007, en la que se retrata los vicios y las virtudes de lo que significa ser maestro en México.

De los narradores emergentes que han recibido la beca David Alfaro Siqueiros entre el 2005 y el 2009 se puede hablar de, por lo menos, 15 escritores, que son los que aparecen en la antología Narrativa (2010), compilada por la también escritora Liliana Pedroza, ganadora del Premio Chihuahua de Literatura 2008, con su cuentario Vida en otra parte (2009), que es un libro de viajes en el que la ficción y la realidad se confunden, van y vienen como si la literatura fuera un juego de espejos entre lo fantástico y lo cotidiano.

De los autores reseñados por Pedroza, conozco la obra de Blas García Flores, pues le voy a publicar su ópera prima: Carta del apóstol san Blas a los parralenses, de la que David Ojeda destaca “su poderío para hacer de su ciudad (Juárez) una evocación -atmosférica, argumental, sociológica, histórica- que lo recorre (el libro) de principio a fin”. Las piezas de Arminé Arjona, Ricardo Anzaldúa y Héctor Jaramillo, también compiladas en la antología, me parecieron dignas de destacar.

Pero el mejor descubrimiento de la nueva narrativa chihuahuense me lo ofreció Raúl Manríquez que, hará cosa de un año, me mandó el maquinescrito Del Aleph al Guernica, de Juan Marcelino Ruiz, profesor de primaria en Ciudad Cuauhtémoc, Chihuahua, cuyo humor negro hace de sus cuentos una delicia. Tal libro está a días de venderse en librerías.

Publicado en Diario El Economista, el 22 de agosto de 2010, por Marcial Fernández

domingo, 16 de mayo de 2010

Premian a México en España

Mucho México este fin de semana. Conseguí ingredientes mexicanos, cociné mole, arroz, frijolitos, quesadillas, guacamole, etc. Casi, casi una auténtica comida mexicana, tenía hasta cerveza mexicana. Lástima que las tortillas sean tan malas. Parecía que estaba celebrando la visita de Felipe Calderón a este país, ni más ni menos que para participar en la Cumbre México-Unión Europea, donde lo nombrarán socio estratégico por ser una de las economías emergentes de América Latina o más bien por ser el puente entre América Latina y Estados Unidos de América. Pobre México -decía Santana- tan lejos de Dios, tan cerca de los Estados Unidos. Cuando el país se está desmoronando, cuando se ha publicado esta misma semana la cantidad de muertes que se han originado desde la llamada Guerra contra el narcotráfico. Qué verguenza! Encima le otorgan a México el premio Nueva Economía Fórum 2009 a la Cohesión Social y el Desarrollo Económico. Si Felipe Calderón tuviera un poco de vergüenza rechazaría el premio, aunque fuera por vergüenza, repito. México no había tenido una situación política y económica tan desastrosa desde mucho tiempo atrás. Y así piensa celebrar Centenario y Bicentenario. ¿Qué festejamos Felipe? ¿El miedo? ¿El dolor de los que han perdido familiares en esta lucha sin sentido? ¿La tristeza de los que han tenido que abandonar su tierra por amenazas? ¿los secuestros? ¿la facilidad con que ahora se llevan a cabo asaltos a mano armada y asesinatos con toda confianza sabiendo que el sistema de justicia está desbordado y es más que difícil recibir un castigo por los delitos?
No tenemos nada que festejar, es tiempo de trabajar y pensar formas de solucionar la situación del país. Los intercambios de banderitas con España están muy bien, quedan muy bien para la foto, pero mucho mejor estaría recuperar la dignidad ante Estados Unidos y representar los intereses de los mexicanos.

viernes, 23 de abril de 2010

El Creel de mis recuerdos...

Con suma tristeza he visto el vídeo de la matanza de Creel del pasado 15 de marzo. He reconocido paisajes, casas, anuncios, la carretera. He reconocido Creel, ese pueblo entrañable que pisé por primera vez a los once años. Iba de camino a Chihuahua, buscaba un lugar en la “Amiga de la Obrera” para seguir estudiando como hacían tantas niñas de mi pueblo. Ahora sé que tuve suerte de no ser admitida, me dijeron que había muchas niñas con más necesidad buscando un lugar y yo tenía la cara limpia, un par de zapatos y una madre que me traía la ropa limpia y planchada. El destino me llevó a Cuauhtémoc donde estudié secundaria, preparatoria y volví después de la Universidad a trabajar en diversos sitios. Adopté Cuauhtémoc como mi ciudad, pero nunca olvidé mis orígenes, mi pueblo natal, Cerocahui y todo el trayecto del tren Chihuahua al Pacífico.
A finales de la década de los ochenta, cuando yo buscaba una escuela secundaria para continuar mis estudios, Creel era el inicio de la civilización; había gasolinera, empezaba el camino pavimentado, ¡había incluso luz eléctrica! Ese lujo les permitía tener frigoríficos y con ello las consecuentes maravillas como las paletas heladas, los pollos “americanos”, etc. Los que veníamos de poblados lejanos abríamos los ojos extasiados ante la vida moderna de Creel.
Me gustaba aquél pueblo, siempre lo consideré un pueblo mágico. El paisaje majestuoso y entrañable combinado con esa población cosmopolita, el romanticismo de los estudiantes de la escuela de monjas que tocaban la guitarra y cantaban canciones de José Luis Perales y Mocedades. Todo me gustaba, deseaba irme a vivir a Creel algún día. Tuve un novio en Creel; conocí a Juan Carlos en Creel; pasé un excelente inicio de año en Creel; disfruté del mejor concierto de mi vida en Creel; viví un fin de semana mágico en Creel con el que ahora es mi esposo… En fin, Creel significó para mí muchos sueños, era parada obligatoria en las idas y vueltas a Cerocahui; pasábamos por Creel antes de visitar a Romayne Wheleer y parábamos a desayunar … ¡mh! Cómo recuerdo esos desayunos con la gente del Banco de Alimentos. Recuerdo también al Molkas, la placita, la oficina de Correos, pero sobre todo la estación del tren. Era casi de película cada vez que pasaba por Creel, miraba con ansiedad por la ventanilla del tren, corría a los vestíbulos para ver, para buscar, ¿qué buscaba? Nada, era el olor, era la sensación, era un sentimiento indescriptible que me motivaba aquél adorable pueblecito donde empezaba mi tierra, mis montañas, mis árboles, mis casitas de adobe con la columna de humo queriendo llegar al cielo. Cuando volvía de Cerocahui, igual me invadía una excitación especial al llegar a Creel, siempre era el principio o el fin, siempre fue especial, hasta la última vez que llegué a comer pollo asado con toda la familia.
Ahora que he visto el vídeo he sentido un sobrecogimiento fuerte, un dolor indescriptible al ver mi tierra tomada por las redes de narcotráfico. Vivo lejos, pero me mantengo cerca gracias a las nuevas tecnologías. Habló a menudo por teléfono con familia y amigos y leo periódicos de mi tierra. Me niego a separarme, sigo perteneciendo allá, por eso siento que el problema del narcotráfico me concierne y por eso siento que ante la problemática actual, algo tenemos que hacer, aunque sea escribir nostálgicos artículos de opinión que recuerden lo hermosa que ha sido la Sierra Tarahumara, los tiempos tan buenos que hemos pasado en ella, cuando había trabajo, cuando los jóvenes teníamos alternativas de desarrollo y la tierra y los pinos eran suficientes para satisfacer nuestras necesidades. Escribo desde la nostalgia, escribo desde la distancia.

domingo, 25 de octubre de 2009

el mundo virtual de los niños

Ahora resulta que a mi hijo le ha dado por entrar a Habbo. Atónita me pregunto que demonios es eso del Habbo. Me cuenta de amigos, de un empleo, de salas, créditos, pixeles, furnis, etc. Pero ¿de qué habla? Parece como si fuera otro idioma. ¿Empleo? ¿Amigos? Sin remedio acudo a San Google para solicitar orientación.
Habbo, amiga mía -me dice con voz grave, el señor Google- no es ninguna novedad, tiene más de 5 años funcionando en la red, es antecedente de Second Life. Ah, Second Life me suena, he oído hablar de ese programa donde la gente se crea una vida virtual y juega a ser otra persona o ser la misma pero sin moverse, sin salir de casa, sin tener que hacer más esfuerzo que el de los músculos dactilares al teclear o al mover el Mouse.
En un principio suena bien, parece un juego inocente, los niños entrando a un mundo virtual, ejercitando la capacidad de manejar el ordenador cada vez mejor que los padres. He encontrado en esta búsqueda algunas opiniones que animan a entrar a habbo para que nuestros niños se hagan más virtuales.
No estoy segura de las bondades de este mundo virtual para los niños. Extraño (y eso que soy joven) los tiempos en que los niños jugaban en las calles, con pelotas, con cuerdas, con botes o sin nada, consigo mismos y nada más.
De pronto he recordado a mi madre, enfadada conmigo por encontrarme a todas horas leyendo. Leyendo irreverencias, sobre todo. Pero ¿qué otra cosa iba a leer en Cerocahui, si ya me sabía de memoria los libros de texto de primaria y aquél Antiguo Testamento de pastas duras que me regaló el abuelo Beto?
Todas las novelillas que pasaban por mis manos, fueran de El Libro Vaquero, El Libro Semanal o Sentimental, Así Soy y Qué, Historias de Traileros, hasta aquéllas inolvidables Joyas de la Literatura Universal, eran engullidas por mi mente infantil sin llegar a comprender exactamente el significado de la mayor parte de los contenidos, pero formando ya un hábito que me ha servido como base para mi carrera y mi formación futura, el hábito de la lectura. A veces vorazmente, leyendo a hurtadillas con una lámpara de baterías por debajo de las cobijas, en la trastienda, en algún rincón, en cualquier parte para no ser reprendida por perder el tiempo en bobadas.
Recuerdo aquello y me pregunto si la historia se repite. Me asusta la afición de mi hijo a las nuevas tecnologías, quiero lanzarlo a la calle, a jugar, al parque. Muchas veces le pregunto si se ha puesto de acuerdo para salir con algún amigo, otras veces le animo a salir, algunas veces más enfadada le doy un grito y le digo que levante su trasero de la silla y se largue por ahí a vivir la vida real, que se deje de mundos virtuales.
Confieso mi desconcierto ante el fenómeno de las nuevas tecnologías y los niños. Mi intuición me dice que debe irse a jugar, a convivir con más amigos, pero luego recuerdo a mi madre, que juzgaba pérdida de tiempo mis largas horas dedicadas a la lectura.
Tengo otro elemento de juicio, cuando por casualidad veo a mi hijo jugando con más niños, están hablando de su personaje de habbo, de Messenger, tuenti, PSP, WII, Nintendo, etc. Podríamos aplicar que el mal de mucho consuelo de tontos, pero prefiero creer que las cosas han cambiado a ritmo tan acelerado que a mis treinta me voy quedando antigua y no comprendo el mundo en que se desenvuelven los niños de cuarto o quinto de primaria.
El tema es largo y complejo, tendré que seguir investigando para poder formarme como una cibermamá, por lo pronto, aquí dejo esta opinión en El Ágora de Chihuahua, que, aunque es virtual, para mí es un enlace real con mi tierra, a tantos kilómetros de distancia.